Los peldaños.


En días pasados del mes de septiembre del año 2002, fuimos invitados,  mi hermano y yo a unos exámenes organizados por el profesor Arturo Feregrino Castro y un grupo de profesores de artes marciales de LimaLama.   Nos sorprendimos al llegar y ver cientos de personas, que con mucha paciencia y respeto esperaban diera inicio el evento. Comenzó con una gran presentación de cintas negras, a continuación una excelente exhibición de defensa personal con palos filipinos, a cargo de cinturones de color ocupando toda el área de una cancha de basquetbol al intemperie


 

Los profesores realizaban su exhibición dándose prisa, ya que las nubes amenazaban con una fuerte tormenta, posteriormente ocuparon su lugar un grupo de alumnos para realizar su examen de grado, aproximadamente ciento cincuenta entre mujeres, niños y adultos, entre el grupo descubrí a una alumna que tenia más de veinte años de no verla, la salude a lo lejos, enseguida me llamo la atención un niño de entre cuatro y cinco años sentado en el piso, que en ese momento se encontraba lleno de tierra, me quede observando como realizaba su examen, con mucha atención y energía, sus golpes, bloqueos ayudándose con sus manitas a sus pies inválidos para patear y barrer, posteriormente realizaba sus movimientos de defensa personal con su compañera de entrenamiento, que en ese momento sin preguntar, supe que era su madre y a su vez aquella niña que tenia más de veinte años de no ver,  este panorama me conmovió y me puso a  reflexionar sobre la vida, los valores, el respeto, el cariño y el amor de una madre.

 
A muchos nos rebaza la soberbia, la importancia personal, el olvido, el desagradecimiento,  es posible que muchos no lo entendamos, porque no hemos empezado a subir los peldaños de esta vida y mucho menos los del artista marcial, no vemos nada, no oímos nada, no somos sensibles a nada, cuando se va a la mitad vemos borroso, pero cuando se escala él ultimo peldaño y estamos en la cima, se ve todo más claro, más limpio, se comprenden muchas cosas.  pero no debemos esperar a que la muerte nos alcance, debemos reflexionar y ser cada día mejores, como si hoy fuera el último día de nuestra vida, porque el mañana no podría llegar nunca jamás, todas las buenas acciones se deben hacer hoy.
  
                                                       Sinceramente

                                                   Hermanos Feregrino

 
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