La huella.
Era un 29 de septiembre del año 1997, alrededor del medio día cuando tocaron a la puerta de mi oficina, era uno de mis alumnos más queridos, que después de participar en sus clases de ingles e impartir sus clases de LimaLama, pasaba con frecuencia por su maestro para invitarlo a comer, nos trasladamos a una fondita bonita del rumbo de la Agrícola Oriental, platicamos y comimos, alrededor de dos horas, me comento sus inquietudes, sus grades planes en el deporte, la organización y los diferentes puntos estratégicos para la próxima visita a México del Gran Maestro Tino Tuiolosega, a días de realizarse en Acapulco.
Emocionado, contento, carismático, tierno, leal, con esa inocencia que lo caracterizaban y que solo tienen los grandes hombres, nos despedimos ya que el se trasladaba a continuar con su labor de impartir clases de artes marciales.
Al dia siguiente, al medio día recibí la noticia más terrible de mi vida, del otro lado del teléfono una voz, repetía que mi Gus estaba muerto, no daba crédito a lo que escuchaba, no podía ser verdad, porque el que era tan bueno, porque no yo. con el tiempo comprendí que la muerte no escoge, que dios nos da la vida, y que nuestro destino esta ahí, esperándonos.
Porque en esta vida únicamente dejamos la huella, tras de si al andar, la huella de nuestras buenas acciones, la huella de nuestra sinceridad, la huella de nuestro respeto, de nuestro corazón y pensamiento. estos atributos, será lo que quedara al final de nuestro camino, como el profesor Gustavo Pérez López. algún día en algún lugar nos volveremos a ver para seguir organizando e impartiendo clases de artes marciales juntos.
Hasta luego mi Gus.
Sinceramente
Hermanos Feregrino
